Berta Isla, de Javier Marías

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En mi compartimiento secreto de iones literarios está el libro que según Babelia, el suplemento cultural del periódico El País, de España, fue el mejor publicado en 2017. Una novela que se plantea una pregunta bien jodida: ¿Estamos seguros de amamos y conocemos a una persona y no lo que creemos que es? ¿Por cuánto tiempo somos lo que somos para el otro y para nosotros mismos? ¿Si una persona desaparece y regresa en un tiempo seguirá siendo la misma y nosotros, los mismos?

Berta Isla es una mujer hermosa, inteligente, popular, deseada. Tom Nevinson es un tipo atractivo que es capaz de encandilar a todo el mundo con su simpatía; como es mitad inglés y mitad español, habla los dos idiomas a la perfección; pero además posee un don extraordinario: aprende lenguas en un abrir y cerrar de ojos, imita acentos y voces sin ni siquiera esforzarse. Los dos se conocen muy jóvenes y hacen el inevitable clic.

Una de las cosas que más me gusta de Javier Marías, el autor, es su capacidad de dibujar a sus personajes: con unas pinceladas precisas te hace ver a estos dos sujetos, comprender su esencia, entender y ser cómplice hasta de sus primeras aventuras sexuales con otras personas. Pero hay algo que no logras atrapar del todo: a pesar de que los personajes son honestos y no tienen nada que ocultar, a pesar de que Javier Marías te los presenta sin tapujos, a ti como lector siempre que se te escapa una parte de esos personajes, algo que estos no te quieren ocultar pero te ocultan. Esa es una de las magias de esta novela: te hace sentir alerta permanentemente, siempre de cacería: ¿Quiénes son Berta Isla y Tom Nevinson?

Avanzo en la trama, pero tranquilos que no estoy siendo spoiler: ese don que tiene Tom Nevinson hace que los servicios secretos británicos lo quieran reclutar… y lo logran. Tom se convierte en un agente secreto y nadie, ni siquiera su familia, debe saber qué hace o donde está. Se imaginarán que esa pareja se va llenado de mentiras, silencios, sospechas, preguntas sin respuesta. Berta Isla no sabe qué está pasando con su marido y la verdad, nosotros los lectores, tampoco. Las ausencias son cada vez más prolongadas. La tensión es tangible, no sabemos qué es verdad y qué mentira, las trampas están en todas partes.

Berta Isla es un libro de espionaje, pero al revés: no está contada desde la acción emocionante del espía, sus aventuras, persecuciones, enemigos y traiciones; no: esta es una historia contada desde el lado de quien no sabe qué está pasando, de quien espera, de quien tiene que volverse un espía de su propio pasado para capturar una huella, una pista para saber quién es uno mismo y quién la persona que creímos escoger.

Berta Isla es un libro sobre la espera incierta, sobre las apuestas que hacemos por los demás con las bases más gaseosas; sobre cuánto tiempo estamos dispuestos a esperar por la persona que amamos, también es un libro que da cuenta de quienes nos quieren hacer daño porque en nosotros se encarna algo de lo que no somos culpables pero sí responsables, sin saberlo.

Es una fábula sobre la identidad, la solidez de las ataduras, la fidelidad y la espera.

Javier Marías cuenta que no fue fácil escribir este texto, que le dio tantas vueltas durante un año de escritura que hubo momentos en los que creyó que no iba a salir con nada. Empezó a pensar en él a finales de los años 80, cuando leyó dos novelas: la mujer de Martin Guerre, de Janet Lewis y El coronel Chabert, de Balzac. En ambas historias se habla de personas que se desaparecen y que vuelven tras unos años en que se les dio por muertos y nunca nos queda clara la identidad de quien regresa. En este libro aparecen dos personajes que ya Marías había presentado en otra novela suya: Tu rostro mañana.

Berta Isla es una Penélope moderna y Tomás Nevinson un Odiseo. El contexto no será la guerra de Troya pero sí el final de la dictadura franquista, la guerra de las Malvinas y de Irlanda del Norte, la caída del muro. Hay también una permanente referencia a Shakespeare y al poeta Thomas Eliot.

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